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Parece que el dinero triunfa sobre los genes, señala una nueva investigación. Al menos en EE.UU.

Los niños menos dotados que nacieron en familias con ingresos mayores tienen tasas de graduación universitaria más altas que los niños más dotados pero cuyos padres tienen ingresos más bajos, señala un nuevo estudio.

El trabajo fue publicado recientemente por la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de EE.UU. y reseñadoeste 9 de octubre por The Washington Post. Los resultados podrían cuestionar la creencia sobre el reinado de la meritocracia en el ámbito estadounidense, señala el diario.

Utilizando un nuevo método basado en el análisis de genoma, los economistas encontraron que las dotaciones genéticas se distribuyen casi igualitariamente entre los niños de familias pobres y los de familias ricas. Al parecer, no es eso lo que conduce al éxito.

Primero, los investigadores analizaron los éxitos educativos de personas que ocupaban el cuartil más alto en un índice especial de ‘puntajes de genoma’, elaborado en un estudio anterior. De ellas, solo el 24 % de quienes nacieron en familias pobres se graduaron en alguna universidad.

Por su parte, los individuos del mismo ‘grupo genético’ pero que nacieron en familias de ingresos altos tuvieron una tasa de graduación universitaria del 63 %.

El hallazgo del otro extremo de la escala de ‘puntuación genética’ demuestra que el 27 % de los niños nacidos en familias de ingresos altos pero que tienen bajas ‘dotaciones genéticas’, obtienen no obstante un título universitario. Es decir, son más propensos a graduarse en la universidad que, incluso, las personas con alto potencial pero de ingresos bajos.

Los investigadores afirman que esos resultados “van en contra de la narrativa de que hay diferencias genéticas sustanciales entre los individuos que nacen en hogares ricos y los nacidos en la pobreza”, según Kevin Thom, economista de la Universidad de Nueva York y uno de los dos autores del trabajo.

“Si no tienen recursos en la familia, incluso los niños brillantes, los que tienen un talento natural, tendrán que enfrentar batallas cuesta arriba“, dijo Thom.

“Se está desperdiciando su potencial. Y eso no es bueno para ellos, pero tampoco es bueno para la economía”, dijo su colaborador, el economista Nicholas Papageorge, de la Universidad Johns Hopkins. “Aquellas personas que no estudiaron en la universidad y que obtuvieron esas altas puntuaciones genéticas, ¿podrían haber curado el cáncer?”, se preguntó.

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